Prólogo del libro Luz en la piedra de la noche
En poesía hay verdad, la verdad del misterio. La palabra, en el decir concentrado, se entrega a su contemplación. Leer un poema es leer el espejo que, de un modo fragmentario, la refleja y nos abarca. Lerrlo es leerse.
Escritura y lectura son momentos de un ejercicio espiritual que compromete la realidad íntima del hombre.
El poeta lee y escribe. O diemos mejor: lee la escritura de la noche y la transcribe. Escritura verbal que reverbera en la letra. Ante esa experiencia vital, no es erróneo afirmar que el poema, en tanto manifestación prendaria, constituye signo vivificante, palabra rescatada de la disgregación y el tumulto, del hablar sin sentido, meramente efusivo o restrictivamente utilitario.
La palabra, en el hacer de la poesía y en el asir del poeta, se yergue como última ciudadela del lenguaje y la via regia del habla. Y allí donde no suena la palabra, es demasiado tarde para llamar a Dios.
E. F. Iancilevich.
El blog de Ernesto Fernando Iancilevich
los otros no morirán mi muerte
¿por qué he de vivir sus vidas?
tal vez por eso comencé a escribir:
para afirmar mi libertad
en un mundo que ata y amordaza
los mejores intentos de vuelo
en los instantes de arrebatada
y santa furia poética
me digo:
he ahí el mundo
y no le perteneces
él te pertenece a ti
Publicado el abril 15, 2009 a las 10:01am 1 comentario
Memoria y olvido
busco un lenguaje
debajo de la palabra
debajo del pensamiento
debajo del fondo que sostiene palabra y pensamiento
debajo de lo que está abajo
donde nada se nombra
ni es nombrado
porque no se rinde
ni es dominado
pues allí me zambullo
insomne
sigilante
busco un lenguaje
anterior a la palabra
anterior al pensamiento
debajo del tiempo
en el revés de la historia
busco
y mientras
leo
escribo
dibujo memoria
y me acerco al olvido
Publicado el abril 1, 2009 a las 3:38am