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TRAS LA VENTANA

Juana Castillo Escobar

Encontré la cartera en el suelo, a la entrada del callejón que daba al patio. Me agaché para cogerla. Mi curiosidad hizo que la abriera. A parte del DNI, algunas tarjetas de crédito, el permiso de conducir y unas pocas monedas, no había nada más. Acaricié la piel, se notaba que era de buena calidad. La abrí de nuevo para olerla, fue entonces cuando de uno de los laterales cayó al suelo una foto antigua, en blanco y negro. En ella, un niño de unos ocho años, asido al visillo, miraba a través del cristal. Su vista me llamó poderosamente la atención: aquel niño se parecía mucho a mí… Pensé en llevarme la foto pero un sonido ronco hizo que continuara agachado. Agucé el oído. De nuevo escuché una especie de estertor, de jadeo que venía desde algún lado del patio. Me levanté para salir corriendo de allí, pero alguien necesitaba ser auxiliado: unas manos artríticas se aferraban con fuerza a mi tobillo, y unos ojos desorbitados me suplicaban una ayuda que no era capaz de dar. Supongo que el miedo me paralizó por completo al ver a aquel anciano reptando sobre el empedrado, que buscaba en mí el remedio para sus males, fueran cuales fuesen. La foto se me cayó de la mano, entonces el hombre empezó a hablar no sin dificultad:
- Soy yo de niño. Mi hermano mayor fue quien me retrató.
- También a mi me gusta mirar por la ventana, y también tengo un hermano –dije, pero el viejo no pareció escucharme. Siguió con su historia:
- Lo hizo para que me diera cuenta de la cara de bobo que se me ponía cada vez que me asomaba a la ventana. Porque mi vida la pasé, ahora puedo decirlo, tras la ventana. ¿Entiendes lo que te digo? No, supongo que no, o tal vez sí. La ventana de mi dormitorio poseía un atractivo especial: daba al patio de luces de la casa, desde ella un pedazo de cielo era mío. También era mía la ventana del piso de enfrente y alguien que lleva conmigo toda la vida. Siempre deseé subir a verla, dar la vuelta a la manzana, llamar a su puerta…
- También yo…
- Eres un majadero –decía mi hermano cada vez que me pescaba mirando tras ella-, en esa casa hace años que no vive nadie. Eduvigis, la portera, me contó la historia de la casa. ¿Quieres saber lo que pasó? Vivía en ella un matrimonio. Eran ya mayores cuando nació su hija, su única hija. La niña se cayó, o se tiró por el hueco, fue a parar al patio. Murió. Ellos dejaron la casa vacía… ¿Entiendes, majadero? ¡Ahí no hay nadie! Javi, ahí no hay nadie… Y tú eres un bobo mirando la pared de enfrente, a una ventana cerrada…
- También yo me llamo…
- Yo le respondí: de eso nada. Ahí vive mi amiga, mi única y mejor amiga. Es una niña hermosa, muy hermosa, tanto que casi es transparente, alada…
- No se llamará Noelia –pregunté, pero él continuó con su parloteo:
- Me pide que vaya a verla, pero no me atrevo. Cualquier día de éstos… Al final fui cobarde y no di la vuelta a la manzana. Juanma, mi hermano…
- También mi hermano…
- … hizo que desistiera de mi empeño. Han pasado más de sesenta años. Abandoné mi ventana. Me fui de casa para formar mi propio hogar, tuve hijos, enviudé y hoy decidí que era un buen momento para regresar a mis orígenes. Como comprenderás no he podido entrar en la casa de mis padres, ya no me pertenece… Pero subí a la casa de enfrente, a la de ella, aún me aguardaba como siempre: toda de blanco, con su eterna sonrisa. Ha alargado las manos y juntos hemos ido hasta la ventana. He abierto los postigos de hierro, luego las hojas de cristal y me he asomado. En la casa de enfrente, la que fuera mi casa, al otro lado del patio, dos niños miraban a través del cristal. Nos han visto y sonreído, luego han echado la cortina y, supongo, habrán vuelto a sus juegos. Noelia…
- Noelia es mi amiga…
- Noelia me ha pedido sin hablar que me acercara a la ventana y, después de una leve caricia, sentí que me decía: “Llevo mucho tiempo esperándote. ¡Has tardado demasiado! Tú eres mi relevo. Ya puedo descansar”. Y salió como se escapa un suspiro, yo fui tras de ella y ahora…, ahora me encuentro aquí tirado.
- Déjeme, señor. Déjeme en paz. No quiero escuchar más historias. Debo regresar a casa, se hace tarde. No debo hablar con desconocidos –le dije con angustia y a punto de llorar.
- ¿Desconocidos? ¿Desconocidos? No seas bobo, Javi, mírate en la luna de ese escaparate. ¿Aún no te has dado cuenta? Eres un majadero, Javi. Sí, un majadero de marca mayor. A ti ya no te espera nadie en el tercero izquierda. Ahora tienes otra ventana desde la que mirar, y otros niños a los que ver. Desde este momento sólo tienes que elegir a uno de ellos para que se haga tu amigo… Ya has dado la vuelta a la manzana. Ella te atrajo hasta sí. Eres el relevo. No, no trates de huir… Quien abandona este cuerpo viejo y achacoso soy yo. Tú te haces luz y, a través de la ventana, volverás a vivir hasta que alguien te venga a buscar, y espero que sea más rápido de lo que fuimos nosotros.

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Nota.- Este relato está inspirado en la foto que lo preside. Fue publicado en la revista Almiar-Margencero en febrero de 2008. Se trata de una de las propuestas literarias de Carmen López León.

Etiquetas: castillo, juana, literatura., relato.

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Juana Castillo Escobar Comentario por Juana Castillo Escobar el junio 25, 2009 a las 12:47pm
Gracias a tí por leerla y comentarla. Un abrazo, Juana.
NURIA DE ESPINOSA Comentario por NURIA DE ESPINOSA el junio 24, 2009 a las 5:02pm
Me ha gustado la historia Juana, gracias un abrazo.
Juana Castillo Escobar Comentario por Juana Castillo Escobar el junio 8, 2009 a las 2:31pm
De nada, Carmen. Me pareció bien compartirla con los amigos de este otro Almiar.
Un beso y feliz semana.
Carmen Comentario por Carmen el junio 6, 2009 a las 2:00pm
Gracias por traernos de nuevo esta historia.

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