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Pedro M. Martínez

Testimonio y tortura en la obra de Víctor Montoya

El tema de la tortura, en tiempos en que el clamor popular pide que los ex dictadores sudamericanos sean juzgados por sus delitos de lesa humanidad, vuelve a ser un punto de apoyo para no olvidar el pasado ni repetir la historia. En este caso, los cuentos de Víctor Montoya (La Paz, Bolivia, 1958), son una clara denuncia y protesta contra los crímenes cometidos a nombre de «la defensa de la soberanía nacional y la lucha contra la subversión comunista». El autor, que sufrió la persecución, la cárcel, la tortura y el exilio durante el régimen de Hugo Banzer Suárez, ha recreado la realidad dantesca de las cámaras de tortura a partir de una experiencia personal y colectiva, con la intención de rescatar la voz anónima de las víctimas y dejar un testimonio vivo de una de las etapas más sombrías de la historia de América Latina.

«Días y noches de angustia», que revela los diversos métodos de tortura que usaron las dictaduras militares en el marco de la denominada «Operación Cóndor», obtuvo el Premio Nacional de Cuento de la Universidad Técnica de Oruro, en 1984. Además, según la crítica especializada, con este escritor ingresa el tema de la tortura en la literatura boliviana del siglo XX.

«Cuentos violentos», impregnados de realismo y suspense, deja constancia de los atropellos a la dignidad humana que las dictaduras cometieron antes y después de que se firmara el documento de fundación del Plan Cóndor durante la Primera Reunión Interamericana de Inteligencia Nacional realizada en Santiago en 1975.

El Plan Cóndor, cuyos «archivos del terror» fueron descubiertos en una comisaría de Asunción en 1992, alcanzó una sofisticada cooperación por encima de las fronteras entre los servicios de inteligencia de Chile, Argentina, Uruguay, Brasil, Paraguay y Bolivia, entrenados y alentados por EE.UU.

En el acta de clausura de la reunión Interamericana de Inteligencia Nacional, se decía, entre otros, «Iniciar contactos bilaterales o multilaterales, proporcionar antecedentes de personas y organizaciones conectadas con la subversión y establecer un directorio completo con los nombres y las direcciones de aquellas personas que trabajen en Inteligencia para solicitar directamente los antecedentes de personas y organizaciones conectadas directa o indirectamente con el Marxismo...».

Los cuentos de Víctor Montoya, que forman parte de la memoria histórica, nos aportan datos para seguir el juicio contra los responsables de la «Operación Cóndor», con la esperanza de que no queden impunes los crímenes ni se olvide la memoria de las víctimas del terrorismo de Estado.

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Etiquetas: testimonio de la tortura, bolivia, cuentos violentos, dictadura militar, latinoamerica, Más...literatura, testimonio, víctor montoya
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Sofía Serra Comentario por Sofía Serra el agosto 2, 2009 a las 3:29pm
De entre todos los actos de barbarie cometidos por el ser humano, factibles de ser cometidos por el ser humano, la tortura, y sobre todo, la tortura física, es el único que aún no encuentra "explicación" en mi entendimiento, o mejor, posibilidad de asunción. Todos somos humanos y parto de la base de que si uno mata, yo también puedo matar, como si uno es capaz de escribir una sinfonía, yo también soy capaz. Quiero decir con esto que aunque sólo sea desde un punto de vista ontológico ningún acto del ser humano, por cruel o sublime que resulte, escapa a mi entendimiento. Nada me es ajeno porque humana soy.
Salvo la tortura.
Por mucho que he pensado en ella, allá desde mi mi más primera adolescencia o última niñez (12 a 13 años) en los que me empapé de las atrocidades cometidades por los nazis en los campos de exterminio, jamás he podido llegar a "asumirla", a comprender, a atisbar qué mecanismos permiten a hacer sufrir bárbaramente a un ser humano sin que su propia respuesta (por eso me refiero a la física en especial) ante el dolor no habilite el mecanismo de, al menos, compasión en el ser que ejerce la tortura.
Yo, que me vanaglorio de no horrorizarme ante ninguna escena por muy dantesca que pudiera resultar vista en cualquier película o noticiario, no consigo soportar la visión el acto torturador.
Pero menos aún, que éste pueda convertirse en acto de estado. Podría entender que en una mente enferma la tortura encontrara acogimiento, pero que un estado dé con tantísimas mentes enfermas para poder cometerla sistemáticamente, se escapa a mis dominios mentales. En última instancia entiendo que es sólo, y como siempre, cuestión de decisión del individuo, que por órdenes, sino es un enfermo mental, la practica.
Y es eso lo que nunca, creo, conseguiré llegar a entender. Nunca
Es tan asimilable el dolor ajeno, tan perceptible por nuestras propias carnes, el dolor físico "lento",que, me repito, no logro entender que no surja el freno ante el alarido, la lágrima o la sangre.
Impresionante este testimonio de Victor Montoya, que no por uno más, de tantos cientos de miles y millones, deja de ser necesario. Siempre.
Para que el hombre pueda ser algún día mejor. Para que no tengan que existir más Victor Montoya con ese tipo de experiencia... de sufrimiento infinito.
Hay que leer sus cuentos.

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